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lunes, 7 de octubre de 2013

un checklist para evitar un jet lag

A dos días vista y para evitar un jet lag prematuro voy a auxiliarme con un checklist a tiempo. Bien presente como he tenido esta cuestión en estos días, he decidido a última hora aliviar mi estado que rayaba ya lo patológico. Tomé entre mis manos un tochito de post-it, y de la primera hojita no, que ya estaba arrugada y un poco manchada, he cogido la segunda amarillo incólume para apuntar los objetivos del día. He salido con las primeras luces del día (eso queda bien y es muy literario, pero salí sobre las nueve menos cinco), y he ido cumpliendo objetivos a buen ritmo y sin que la duda o la indecisión me frenaran. Rápido y veloz, sacaba del bolsillo el check-list amarillo, y reconocía en un instante mi próxima etapa y mi camino. ¡Qué momento!... ¡Qué momentazo!, cuando marcaba con un trazo firme cada una de las obligaciones. ¡Objetivo cumplido!... He ido viendo como se reducían las urgencias y se apaciguaba mi estado. Un estado de alivio creció sobre las dos de la tarde, cuando con las oficinas cerradas comprobé que se había rozado el pleno, y la jornada había resultado exitosa. No se si es eso lo que se llama eficacia o una persona eficiente. Porque lo mismo de hacerlo todos los días ya no se disfruta. Y el disfrutarlo es cosa de la novedad.

sábado, 5 de octubre de 2013

corazón coraza

Debería de estar haciendo sitio en el trastero a unas cajas, para dejar sitio al mueble de mi abuela, para que pueda vivir sin estrecheces la comunidad de vecinos. A casa de mis padres parece que han llegado "las invasiones bárbaras"... Y solo quedan unos días (lo digo así porque prefiero no contarlos). El caso es que tenía que escribir sobre un artículo leído ahora mismo y algo. Algo que ha sido una de las constantes del año, y que no siempre es fácil de concretar. A pesar de que me gusten las palabras, tengo una reacción instintiva a las palabras y frases que orlan la temática solidaria.

Entiendo que si resultan manidas es en realidad por el uso abusivo, vacuo y sin efecto, que en boca de muchos se pronuncia (en éste caso los primeros en la lista serían los políticos, pero son/somos muchos más). Recuerdo aquello de "no pronuncies el nombre de dios en vano" que tanto escuchaba cuando pequeño o veía en alguna película bíblica de las que se ponían en Navidades y Semana Santa. Las palabras tienen una fuerza y un poder innatos que proviene de su uso y evolución, y que puede rastrearse en su origen etimológico. La palabra es la constante del estar en la vida, las diferentes formas de ser, estar, y hacer. De modo que cuando se usa una palabra que tiene un significado y una historia, sin realizarla, por puro parecer, se desgastan y pierden su capacidad de transmitir.

Pero me estoy desviando del asunto... El caso es que he leído un artículo, que me ha empujado a expresar algo relativo a la motivación(es) para una experiencia como la que voy a iniciar en unos días. Una es la inquietud ante mucho de lo que se hace, se ve, se lee y se escucha, la sensación de que no se está conforme con el mundo tal cual está. La sensación muchas veces vivida de que uno envuelto en su rutina, a pesar de dicha inquietud, no está haciendo nada por cambiarla. El constatar que el tomar perspectiva y salirse de dicha rutina, es suficiente para focalizar fuerzas para hacer "un poco" por un cambio (hacia un mundo más justo). Tengo la sensación de que nuestra rutina contemporánea, fundamentada en las máximas de la competitividad y el individualismo radical, nos deshumanizan, nos distancian los unos de los otros, nos vuelven insensibles, suspicaces y desconfiados ("el hombre tecnologizado"). Y la certeza de que no me encuentro en ese camino, y la oportunidad de sustraerme a esa ruina, me permitirá recorrer un camino diferente, de humanidad, solidario y empático, la labor edificante de construir puentes y derribar murallas, empezando por el corazón coraza.



lo que sentí: lo primero que me viene a la mente es que es probable que la primera vez que yo hubiera pasado junto a él, en realidad, con prisas, lo habría mirado con desconfianza y hubiera pasado de largo, apenas con unos tintes de tristeza... la teoría la conocemos, la práctica es otra cosa,... a base de pantallazos de internet y televisión que transcurre entre lo morboso y lo banal, en continua relación con la mentira, es un hecho que nos deshumanizamos, nos volvemos insensible al otro, incómodos al contacto, e incapaces de crear puentes de ayuda mutua... al conocer éste hecho tan cercano, en la misma ciudad, por las mismas calles, de ésta persona ignorada por la misma cotidianidad en la que participo, solo escribo sobre lo que creo que habría ocurrido al cruzarme por primera vez, porque tengo miedo al pensar que hubiera ocurrido en las siguientes ocasiones en que me hubiera cruzado, vergüenza ante la posibilidad de que no habría hecho nada...

miércoles, 2 de octubre de 2013

deslocalización

Empaquetado en cajas o amontonado en bultos, en compaña viene y van objetos pero también cosas, resultado del paso del tiempo de lugares y vivencias, el afecto por personas y momentos, pero también la acumulación resultante de la incapacidad de tirar nada. Y mientras se sube y se baja la escalera del coche a la tercera planta, a uno le gustaría haberse organizado antes para darse tiempo a una gestión (eliminación) organizada o, al menos, haber tirado de arrestos para hacer desaparecer sin reflexión un buen montón de objetos y papeles que ahora tanto pesan.

Los libros se apilan fácil, cuadran perfectos en las cajas, y apenas dejan innecesarios vacíos, pero pesan como yunques de herreros o sacos de patatas. La ropa son amasijos esponjosos, informes, que aunque livianos no hay como meterlos (lo peor las camisas o abrigos, lo mejor las camisetas). Las perchas (¡ay! las perchas, madre mía), cada una de su padre y su madre, y escapando entre las manos en cuanto intentas asociarlas con otras cosas!... Los cuadros con fotos, no son tantos y son recuerdos, y van bien, cuadran también, porque son marcos baratos o del ikea. Tienen solera las fotos en blanco y negro, y una en especial, la del abuelo conmigo de pequeño (¡menuda foto es esa!). Todo un canto a la gordura lozana, en la vejez octogenaria rayando ya los noventa, y la pequeñez de los dos años. Menos mal que los muebles ya fueron dados en un rastro improvisado de amigos (lo que no impidió tener que revivir la agonía de su peso y la estrechez de la escalera), y algunos sin demanda, han terminado en la basura. Solo unos pocos se han mudado a coger polvo a la espera de nuestro regreso.

La coincidencia ha querido que el día catártico de la mudanza coincida con un clima parejo al que nos espera según los datos wikipédicos que se han consultado, tirando por lo largo, cercano o en torno a los treinta grados con un 95% de humedad. Los goterones de sudor caían peldaño a peldaño en la escalera!!!

jueves, 26 de septiembre de 2013

construçao

Desde los días asaltados por un reforzado desorden, a medio camino de todos los husos (horarios), se aproxima la partida, aunque no se desaten del todo los lastres. Hubo tiempo, es verdad, para situar en el mapa el destino próximo, dotarlo de datos e imaginar sus gentes, su día a día, de recorrer imaginado el futuro allí. Ahora las urgencias del hoy reclaman la atención de los proyectos que se han acumulado en los últimos tiempos para dejar todo en lo posible bien atado.

En ese contexto, el fin de semana pasado, el Encuentro Nacional de Entreculturas, ha resultado ser un empujón más. La oportunidad de conocer a las personas, y la conexión y energía que subyace bajo una organización. La buena predisposición de las personas, al cruce de impresiones o como mínimo al buen gesto y sincero, el contacto, y la comunicación intergeneracional.

A punto de centrarme en un empeño que descubro también vocacional, me ha dado por recordar las andanzas lusas de arqueólogo nómada y mochilero, en este tema de Chico Buarque... Construçao.