Tuco, Pegos, Piscos, Palillos, Tica, Chic@, Sapo,... ¡joe!, hasta la pareja de murciélagos han mandado un fuerte abrazo a Jerry, al que le desean lo mejor en su nueva aventura. Se congregaron en la puerta de la casa a nuestra llegada y, cada uno en su idioma, lanzaron vítores al aire. Todos comparten la sensación de que dado su carácter, sus hechos y consecuciones, su nueva vida podría muy bien desempeñarse en algún lugar del mundo como médico asistencial o bombero salvavidas. Si le tocara otra vez de perro (lo cual no es ni mucho menos un paso atrás), seguro que terminaría en equipos de rescates o guía para ciegos. Así pues, suerte.
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lunes, 21 de abril de 2014
jueves, 10 de octubre de 2013
un hombre muy pequeño de corazón enorme
Continuamos cumpliendo etapas del prologo al viaje. Llegamos a la capital desde las provincias en autobús, haciendo cálculos con las maletas. Recuerdo, por si no lo he dicho antes, que llevamos tres mochilas y una maleta con ruedas, y que las cosas están así, 23 kg/1 bulto por persona en facturación, y una maleta de mano por persona. Con esa carga llegamos a la capital, a sabiendas que antes de montar en el avión tendremos que hacer trasvase de contenidos entre maleta y maleta para que los números cuadren. Por la mañana teníamos que ir a la Embajada de Venezuela. Hay que decir que, tanto desde allí como aquí, han sido todo gentileza y resolución. Y es que mañana tendremos los pasaportes visados, y justo a tiempo.
El día de hoy nos ha llamado la atención algo. Eran sobre las nueve cuando nos dirigíamos a la embajada localizada en el centro financiero de Madrid. En el centro de megalómanos nacionales, entre las grandes avenidas, arterias automovilísticas, rascacielos acristalados y brillantes, edificios inteligentes y vigilados que no invitan a la visita, divisamos una pequeña figura en bronce, apenas elevada sobre el suelo, en una plaza ceñida de losas pétreas, cuya silueta no dejaba lugar a dudas de a quien representaba. Se apoyaba en un bastón, todo delgadez, envuelto en una tela a modo de toga corta hasta las rodillas, y parecía caminar por otro lugar muy distinto. No desde luego, dejando atrás el edificio "Europa Center", no junto al "Palacio de Congresos", seguro que no dejando a su espalda las alturas de la "Torre Picasso", y desde luego, sin abrigar la intención de ver el Bernabeu o visitarlo.
¡Era Gandhi!. La figura de un hombre muy pequeño de corazón enorme. Y alguien, no se si con la intención de inspirar a los grandes directivos de las grandes empresas, o simplemente, consecuencia de cierta confusión o desconocimiento, lo había plantado allí, en un espacio a medio camino de ninguna parte.
El día de hoy nos ha llamado la atención algo. Eran sobre las nueve cuando nos dirigíamos a la embajada localizada en el centro financiero de Madrid. En el centro de megalómanos nacionales, entre las grandes avenidas, arterias automovilísticas, rascacielos acristalados y brillantes, edificios inteligentes y vigilados que no invitan a la visita, divisamos una pequeña figura en bronce, apenas elevada sobre el suelo, en una plaza ceñida de losas pétreas, cuya silueta no dejaba lugar a dudas de a quien representaba. Se apoyaba en un bastón, todo delgadez, envuelto en una tela a modo de toga corta hasta las rodillas, y parecía caminar por otro lugar muy distinto. No desde luego, dejando atrás el edificio "Europa Center", no junto al "Palacio de Congresos", seguro que no dejando a su espalda las alturas de la "Torre Picasso", y desde luego, sin abrigar la intención de ver el Bernabeu o visitarlo.
¡Era Gandhi!. La figura de un hombre muy pequeño de corazón enorme. Y alguien, no se si con la intención de inspirar a los grandes directivos de las grandes empresas, o simplemente, consecuencia de cierta confusión o desconocimiento, lo había plantado allí, en un espacio a medio camino de ninguna parte.
martes, 8 de octubre de 2013
los tres libros
Ha llegado el momento de comenzar a pensar en como organizar las maletas. La tarde concluye y ya es de noche, mañana da comienzo el largo viaje hasta Guanarito. He comenzado por agrupar lo que me voy a llevar por categorías.
Lo más fácil es comenzar por la ropa: pantalones, camisetas, camisas de mangas largas, camisas de mangas cortas, calcetines y calzoncillos, y el grupo varios. Todo extendido sobre un sofá. En el suelo tres pares de calzados, unas sandalias todo terrenos, unos zapatos y las botas de montaña (es verdad que voy a "los llanos", pero el entorno y la práctica muy probablemente sea bastante campera). Ya está preparado el dispensario con un surtido preventivo de algunos medicamentos para "el viajero". En cualquier caso, no hay mayor verdad que la del dicho del prevenir es mejor que curar. Los medicamentos se encuentran a la izquierda sobre una silla. A la derecha, una selección de productos locales y propios del terruño, atesorados en los últimos días con el mucho cariño familiar (algunas cosas todavía permanecen en el frigorífico apurando su buena presencia). La gastronomía y la mesa es el mejor de los espacios "entreculturales" ;), donde son risas, descaradamente risas las sonrisas. Sin ir más lejos, ¿no es el banquete el lugar donde terminan todas las ceremonias?. Así que sí, un espacio para unos choricitos, unas cuñas de queso, bandejita de caña de lomo y ¿jamón?... ufff, vaya, no, jamón finalmente no. ¿Que más? Ah sí, ¡los documentos importantes!... Bueno,... faltan por enumerar más grupos, pero mejor me voy a poner a ello, y dejo de describirlos. Si no me veo olvidando algo importante...
Solo algo más... la selección de libros. Son fundamentales para el buen viajar y el mejor vivir, pero también es verdad que su saber ocupa y pesa cuando no está en tu cabeza. Los libros van mal con la maletas, aunque uno muy bien en una mochila. Como es un largo viaje, y allí nuevos libros nos esperan, la selección ha sido de tres y no ha resultado tan difícil (supongo que por inevitable).
El primero ha sido un regalo muy oportuno y con mucho cariño. Y es que éste año hemos estado de un pesado con Paulo Freire, que finalmente nos han regalado "Pedagogía del oprimido". Libro de referencia para que nos acompañe en nuestra andadura.
El segundo cayó prácticamente de la estantería, de fundamentos Zen, contemplación de la naturaleza y el arte como expresión, de Natsume Soseki, "Kusamakura". Es un libro muy especial en su totalidad, incluso como objeto.
Y finalmente, y no podía ser de otra manera, cuando tanto recurro a su lectura y "su recuerdo", un humanista y un referente del espíritu crítico e independiente, coherente ante la historia, que supo subordinar "las ideologías" a la moral. Esto es Albert Camus. He elegido "El hombre Rebelde", que he leído igual que "El mito de Sísifo", pero que reconozco que no he terminado de comprender.
Esa es la selección, los tres libros. Y los muchos libros que esperan.
Lo más fácil es comenzar por la ropa: pantalones, camisetas, camisas de mangas largas, camisas de mangas cortas, calcetines y calzoncillos, y el grupo varios. Todo extendido sobre un sofá. En el suelo tres pares de calzados, unas sandalias todo terrenos, unos zapatos y las botas de montaña (es verdad que voy a "los llanos", pero el entorno y la práctica muy probablemente sea bastante campera). Ya está preparado el dispensario con un surtido preventivo de algunos medicamentos para "el viajero". En cualquier caso, no hay mayor verdad que la del dicho del prevenir es mejor que curar. Los medicamentos se encuentran a la izquierda sobre una silla. A la derecha, una selección de productos locales y propios del terruño, atesorados en los últimos días con el mucho cariño familiar (algunas cosas todavía permanecen en el frigorífico apurando su buena presencia). La gastronomía y la mesa es el mejor de los espacios "entreculturales" ;), donde son risas, descaradamente risas las sonrisas. Sin ir más lejos, ¿no es el banquete el lugar donde terminan todas las ceremonias?. Así que sí, un espacio para unos choricitos, unas cuñas de queso, bandejita de caña de lomo y ¿jamón?... ufff, vaya, no, jamón finalmente no. ¿Que más? Ah sí, ¡los documentos importantes!... Bueno,... faltan por enumerar más grupos, pero mejor me voy a poner a ello, y dejo de describirlos. Si no me veo olvidando algo importante...
Solo algo más... la selección de libros. Son fundamentales para el buen viajar y el mejor vivir, pero también es verdad que su saber ocupa y pesa cuando no está en tu cabeza. Los libros van mal con la maletas, aunque uno muy bien en una mochila. Como es un largo viaje, y allí nuevos libros nos esperan, la selección ha sido de tres y no ha resultado tan difícil (supongo que por inevitable).
El primero ha sido un regalo muy oportuno y con mucho cariño. Y es que éste año hemos estado de un pesado con Paulo Freire, que finalmente nos han regalado "Pedagogía del oprimido". Libro de referencia para que nos acompañe en nuestra andadura.
El segundo cayó prácticamente de la estantería, de fundamentos Zen, contemplación de la naturaleza y el arte como expresión, de Natsume Soseki, "Kusamakura". Es un libro muy especial en su totalidad, incluso como objeto.
Y finalmente, y no podía ser de otra manera, cuando tanto recurro a su lectura y "su recuerdo", un humanista y un referente del espíritu crítico e independiente, coherente ante la historia, que supo subordinar "las ideologías" a la moral. Esto es Albert Camus. He elegido "El hombre Rebelde", que he leído igual que "El mito de Sísifo", pero que reconozco que no he terminado de comprender.
Esa es la selección, los tres libros. Y los muchos libros que esperan.
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